23 de marzo de 2009

Haciendo jabón en la cocina.

Información básica sobre la elaboración del jabón en casa.

A mi me parece un milagro.
Jamás hubiera pensado que un producto tan corrosivo como la sosa cáustica, mezclada con aceite, pudiera crear un producto tan apreciado y necesario como el jabón.
¿Os imagináis la vida sin el?
Los primeros en fabricar algo parecido al jabón fueron los sirios en la ciudad de Alepo.
Hace miles de años, los artesanos y comerciantes sirios ya fabricaban su famoso jabón con aceite de oliva y hojas de laurel.
Pues bien, el jabón es el resultado de mezclar un ácido (grasas vegetales o animales) con un álcali (sosa cáustica).
Esta reacción química se llama saponificación.
Ver reacción química.
Durante el tiempo de reposo, el álcali se va neutralizando hasta desaparecer por completo.
Por eso, el jabón se hace con didróxido de sodio (sosa cáustica), pero no lo contiene. He aquí la importancia del reposo.
Y como suelen decir, el jabón es como el buen vino, cuanto más viejo, mejor.

Mi experiencia me dice que ceñirse a las medidas y pesos es un factor importante, sobre todo a la hora de elaborar jabones para la piel.
Por eso es recomendable utilizar una báscula digital de cocina, que pueda pesar de gramo en gramo y con buena precisión.
Para preparar jabones con aceites reciclados (para la ropa), tampoco es necesaria tanta precisión. De hecho, me he encontrado con multitud de recetas diferentes.
Tampoco hay que preocuparse mucho, pues tarde o temprano, de una manera u otra, el jabón acaba por cuajar.
Las medidas suelen darse en gramos, y otras en litros.
Ver tabla de saponificación.

Nuestras abuelas (al menos la mía) utilizaba el método del palo para remover la mezcla. Lo hacían a mano, y el proceso duraba varias horas.
Hoy en día podemos agilizar el proceso ayudándonos de una batidora eléctrica, e incluso con el thermomix.
Cuando hago grandes cantidades, utilizo una herramienta especial que se acopla a la máquina de taladrar, y que sirve para batir cemento, pintura, colas.., etc.
Y cuando las cantidades son pequeñas, un batidor de varillas de acero inoxidable nos irá de maravilla.

Una vez colocada la mezcla en los moldes, bastarán 24 horas para poder desmoldarlo y cortarlo en pastillas con suma facilidad.
Aunque hay que tener en cuenta que el proceso de solidificación dependerá del tipo de ingredientes utilizados, de la temperatura exterior, etc.
En las recetas suele especificarse el tiempo necesario.

Colocaremos el jabón, ya cortado en pastillas, en una amplia caja de cartón.
En la base colocaremos papel de estraza o vegetal.
Le haremos agujeritos a la tapadera (como cuando teníamos en casa gusanos de seda), y dejaremos reposar unas 4 semanas.
Durante este proceso se elimina cualquier residuo de hidróxido de sodio.
Lo ideal es dejar la caja encima de un armario, en una habitación que no sea ni muy húmeda ni muy calurosa.
Un truquito que tengo que resulta muy efectivo es poner dentro de las cajitas un paquetito de incienso, con el aroma que más nos guste.
Las pastillas de jabón se van impregnando poco a poco de un delicioso aroma.
Para saber si el jabón está listo para usar, dicen que hay que lamerlo ligeramente con la lengua, y si no pica, está listo para utilizar (sólo para jabones que están en contacto con la piel).

Se usan para enriquecer las propiedades del jabón.
Para hacerlo más suave, espumoso, duro, o con una mayor acción limpiadora.
Los más utilizados son:
Cera de abejas
Manteca de caco
Leche de cabra
Miel
Aromas
Aceites esenciales, etc
Ver guia de aditivos

El jabón se reutiliza cuando está total o parcialmente seco.
Tienes varias ventajas.
En primer lugar, reduce mucho la posibilidad de que la sosa altere los colorantes y aromas (recordemos que un a vez reposado, el jabón no contiene sosa).
En segundo lugar, podemos reciclar viejas pastillas, jabones que no nos han quedado de nuestro agrado, o simplemente para aprovechar los restos que se generan al cortar las pastillas con formas rectangulares, cuadradas, o incluso con forma redondeada.
Método de recuperación del jabón:
Trituramos el jabón con un rallador manual, con una picadora de cocina, o con el thermomix.
Hay que conseguir que su consistencia se a lo más fina posible.
1. Pesamos el jabón rallado.
2. Por cada 500 gr. de jabón, añadiremos 340 gr. de agua destilada.
3. Poner la mezcla al baño maría, aproximadamente durante una hora a fuego lento, e iremos removiendo de tanto en tanto para deshacer los posibles grumos.
4. Cuando la mezcla adquiera una consistencia suave y cremosa, será el momento de añadir los colorantes y los aromas.
He de decir que no llegan a quedar tan consistentes como los originales.
Pero es una buena táctica para reciclar trozos de jabón que se desperdician al cortar las pastillas, o jabones que no han quedado bien del todo.

Manipular la sosa cáustica es peligroso.
Las salpicaduras pueden producir quemaduras, y la nube tóxica que se forma al mezclar la sosa con el agua es irritante, por lo que mejor será tomar precauciones.
Conviene utilizar un lugar ventilado para preparar nuestro jabón, en la galería o cerca de una ventana.
Y sobre todo, que no hayan niños pequeños cerca.

Utilizaremos gafas de protección para evitar posibles salpicaduras en los ojos
(aunque no es muy frecuente que suceda).
Usaremos los guantes de goma para proteger las manos y los antebrazos, sobre todo cuando se manipule la sosa cáustica.
La mascarilla la utilizaremos cuando no podamos elaborar el jabón en un lugar ventilado.

Deben de ser de acero inoxidable o esmaltados.
De aluminio no, pues es atacado por la sosa.
El plástico también se puede utilizar.

Termómetro de cocina: lo utilizaremos para controlar la temperatura del agua y del aceite.
Batidora eléctrica: para agilizar la mezcla.
Balanza digital: para pesar las proporciones exactas.
Cuchara grande: para remover la mezcla. Se aconseja de acero inoxidable, pues la sosa no le ataca.
Cazo de acero inoxidable.
Cubitera: también de acero inoxidable.
Va muy bien porque es un recipiente alto y puedes mezclar, remover y batir fácilmente sin salpicar.